
TU LOOK ES TESTIGO DE TU TRANSFORMACIÓN: LA HISTORIA DE TAMARA
Tamara Bonilla es fundadora de Your Change Mentor, trabaja con equipos corporativos que quieren construir la gestión del cambio como una capacidad real de liderazgo, y con líderes que ya se cansaron de sobrevivir sus transiciones a pura fuerza de voluntad.
Jessica: Tamara, tu trabajo principal gira en torno a la gestión del cambio, que básicamente consiste en acompañar a organizaciones y personas en procesos de transformación. ¿Qué significa eso en el día a día y qué tan difícil es convencer a otros de que cambiar no es una amenaza?
Tamara: Gestionar el cambio significa entender algo simple: no basta con tener una buena solución. Para que esa solución funcione de verdad, las personas tienen que aceptarla y querer usarla. Esto pasa igual en una empresa que en la vida de una persona.
El cambio casi siempre trae incertidumbre. Lo que viene después es algo que todavía no conocemos. Por más que alguien nos diga “esto va a estar bien”, cada persona necesita sentirse segura para poder cambiar de verdad.
Por eso, para convencer a alguien de que el cambio no es una amenaza, primero hay que aceptar algo: para esa persona, en ese momento, SÍ se siente como una amenaza a su comodidad y a cómo están las cosas ahora. Mientras más neguemos esto, más difícil será convencer a la gente de que está bien cambiar.
El reto más grande es despertar en las personas las ganas de cambiar. Y esto es difícil porque no podemos controlar lo que cada persona piensa o decide por dentro. Pero tanto si sos líder de un equipo como si solo te importa tu propio crecimiento, es clave entender qué hace que alguien quiera cambiar o se resista a hacerlo.
Y esa distancia entre lo que sabemos y lo que realmente hacemos — a la que le llamo el Courage Gap — es el terreno donde vivo, profesionalmente y personalmente.
Mis clientes me buscan justamente para eso: para entender por qué, en su caso particular, el cambio se siente como una amenaza, y para encontrar juntos la manera de cerrar esa brecha y acompañarlos durante el proceso.
Recuerdo que mi mamá siempre me decía: “Tenés que andar con la ropa limpia, no con medias rotas. Tu presentación personal importa.”
Jessica: Siendo alguien que literalmente se especializa en procesos de cambio, ¿cómo eras vos con tu propia imagen antes de llegar a The Style Room? ¿Te resultaba fácil o había algo que evitabas ver?
Tamara: Antes de llegar a The Style Room, la verdad es que siempre tuve un gusto especial por el tema del estilo y la moda. Me encantaba ver un programa que se llama Project Runway y esos reality shows de personas que quieren ser diseñadoras de moda. Siempre fue un tema que me llamó la atención.
También crecí con la idea de que la imagen es importante — o tal vez no era una idea tan clara como tal, pero sí algo que fui absorbiendo. Recuerdo que mi mamá siempre me decía: “Tenés que andar con la ropa limpia, no con medias rotas. Tu presentación personal importa.” Y llegó un momento de mi vida en el que el regalo de Navidad dejó de ser juguetes: se convirtió en el presupuesto para comprarme una o dos mudadas, mi outfit. Ese era mi regalo.
Y yo sabía que había eventos, lugares y situaciones donde, para verme bien, lo que me iba a poner era esa mudada — ese outfit — que me había comprado en Navidad.
Lo que sí me costaba era entender qué se me veía bien a mí. Veía a personas cuyo estilo me gustaba mucho — conocidas o de alguna serie — y pensaba “qué chiva ese outfit, qué chiva esa tendencia, ese estilo”. Pero no lograba identificar qué era lo que realmente me favorecía a mí: qué me quedaba bien, qué se vería bien en mi cuerpo. Sentía que estaba muy limitada — trataba de replicar, pero no lograba crear yo misma ese estilo y esos outfits que una parte de mí deseaba tener.

El antes
Jessica: ¿En qué momento de tu vida llegaste a TSR? ¿Qué estaba pasando —personal o profesionalmente— que te hizo decidir que era el momento?
Tamara: Mira, la verdad es que te tengo un cariño enorme personalmente y como creadora TSR. Pero además, para mí, The Style Room tiene un lugar muy importante en mi propio proceso de transformación.
Porque cuando llegué finalmente a trabajar con TSR, en nuestro primer servicio, yo venía de un momento de mi vida donde me había perdido. La mejor forma que tengo de describirlo es que sentía que estaba como en un agujero negro. Había pasado mucho tiempo operando desde un lugar de mucho agotamiento — de burnout — y no lo atendí a tiempo. Eso evolucionó, y llegué a un punto donde me desconecté completamente de mí misma.
Estaba en una época donde luchaba con depresión. A veces esa palabra se malinterpreta, pero la mejor forma que tengo de describirlo es que me sentía muy desconectada, muy perdida. Había perdido el gozo por la vida; no sentía que tuviera una razón para levantarme en las mañanas.
Empecé procesos de acompañamiento con especialistas para salir de ahí. Y conforme fui tomando consciencia del lugar en el que estaba, me di cuenta de cuánto me había abandonado. Había abandonado mi cuerpo, mi salud, pero también había abandonado mi imagen personal — desde no bañarme, no peinarme, no maquillarme, en lo peor de mi crisis.
Entonces, cuando llegué a The Style Room, ya había estado en procesos de acompañamiento y terapia. Sentía que estaba saliendo de ese agujero negro y vi que necesitaba ayuda para volver a sentirme yo — esa Tamara a la que le gustaba arreglarse en las mañanas, escoger su outfit, combinar. Esa Tamara se había quedado perdida en algún lugar. Empecé a trabajar con The Style Room porque reconocí que necesitaba ayuda para recuperar también esa parte de mí.
“Esto es un poco superficial. ¿Cómo voy a poner mi dinero ahí? ¿Qué va a pensar la gente de que esté invirtiendo en esto?”
Jessica:¿Tenías algún prejuicio o resistencia antes de empezar? ¿Qué imaginabas que iba a ser y qué tan distinto resultó?
Tamara: Voy a ser muy honesta, sí había resistencia interna. Por un lado, tenía un diálogo interno que me decía: “Esto yo debería poder hacerlo sola, sin necesitar ayuda.” Sé que muchas personas cargamos esa historia, y no solo con temas de styling, sino en la vida en general.
También, desde el punto de vista de inversión, me contaba otra historia: “Esto es un poco superficial. ¿Cómo voy a poner mi dinero ahí? ¿Qué va a pensar la gente de que esté invirtiendo en esto?” Al final resultó ser una de las mejores inversiones que he hecho, porque sí hay un retorno de invertir en la imagen personal — un retorno en la vida profesional, en cómo otros nos perciben, hay estudios que hasta lo asocian directamente con incrementos salariales o ingresos monetarios.
Otra de mis dudas tenía que ver con mi tipo de cuerpo, porque siempre he sido muy consciente de ciertas partes que no son mis favoritas. Durante muchos años cargué con varios complejos, y me preguntaba: “¿Cómo se va a ver esto en mí? ¿Cómo será este proceso para alguien con mi tamaño y dimensiones? ¿De verdad le voy a poder sacar provecho?”
Esa era una de mis grandes dudas, y también parte de la resistencia a empezar el proceso: no quería sentirme juzgada ni criticada. Una parte de mí no quería que le dijeran: “No, eso no te lo podés poner.”
La realidad es que fue un proceso muy distinto a lo que me imaginaba, porque es un acompañamiento que va muy alineado con los objetivos de cada quien. Recuerdo mi primera conversación con Jessi: fue más un “ayúdame a entender qué es lo que estás buscando”, y a partir de ahí, la guía que ella me fue dando se ajustó mucho a lo que yo andaba buscando en ese momento.
Y resultó ser muy distinto a lo que imaginaba también en otro sentido: más que limitarme, fue un proceso que me abrió posibilidades —
● La forma de ver mi imagen
● Cómo me visto
● El pensar estratégicamente en cómo invierto mi dinero en ropa, accesorios y zapatos
Una de las cosas que más me han servido, en la vida práctica y también en mis roles de trabajo y como líder, es ser muy intencional con lo que quiero transmitir y cómo lo transmito a través de lo que me pongo y de cómo me veo.

Había una parte de mí con un poquito de incertidumbre — “¿qué irá a pasar? ¿Jessi me va a decir que tengo que botar todo mi clóset, que nada me sirve?” — pero en realidad fue un proceso muy divertido. De mucho aprendizaje. De ver mi clóset desde otra perspectiva.
La experiencia
Jessica: La asesoría en imagen es generalmente el punto de entrada. ¿Qué fue lo más revelador de ese proceso? ¿Hubo algo que te sorprendió de lo que proyectabas sin saberlo?
Tamara: Creo que lo más revelador fue entender que no es que yo, por la forma de mi cuerpo, por mi estatura o mis medidas, no tenga acceso a ciertas cosas. Más bien me ayudó a cambiar esa mentalidad de “es que yo no puedo”, porque puedo ser más intencional y elegir esto sobre aquello — con un porqué claro. Me gustó mucho cómo amplió mis posibilidades en vez de limitarlas, y también me empoderó para decir: “Ahora entiendo lo que me favorece, lo que se me ve mejor, cómo transmito el mensaje que quiero transmitir, y puedo ser muchísimo más intencional.”
También tengo una confesión: en el proceso de tomarme fotos con algunos de los outfits que tenía, me di cuenta de que muchos no me quedaban tan bien como yo pensaba. Tenía toda una serie de creencias con respecto a la talla — que tenía que caber en tal número — y muchas veces traía prendas que no eran del tamaño ni la talla adecuada para mi cuerpo, y que no se veían como yo pensaba.
Ese fue un momento que abrió mucho la puerta a entender algo más: el número de la talla no importa. No importa si es un 8 o un 14, porque eso varía tanto entre modelos, marcas, países y regiones que, al final, no dice nada. Lo que importa son otros elementos que aprendí a identificar con el acompañamiento de The Style Room: las telas, la caída, la calidad, cómo me siento en esa prenda.
Jessica: El análisis de guardarropa es de las experiencias más íntimas que existen —alguien entra literalmente a tu clóset—. ¿Cómo fue ese proceso para vos? ¿Qué se fue y qué se quedó, más allá de las prendas?
Tamara: El análisis de guardarropa fue un proceso muy interesante, porque efectivamente le abrís un espacio de tu vida a una persona que no le abrís a todo el mundo. No a todo el mundo lo llevás a tu clóset.
Había una parte de mí con un poquito de incertidumbre — “¿qué irá a pasar? ¿Jessi me va a decir que tengo que botar todo mi clóset, que nada me sirve?” — pero en realidad fue un proceso muy divertido. De mucho aprendizaje. De ver mi clóset desde otra perspectiva.
Contar con el ojo de una profesional que identifica combinaciones que yo jamás me hubiera imaginado me ayudó a entender qué tipos de tela se ven bien juntos y cuáles no. Todo ese tipo de detalles me sorprendió, y también aprendí muchísimo.
Y lo más hermoso del análisis de guardarropa es la tarea. Eso es lo más lindo, porque muchas veces hay cosas que le hacen falta a nuestro clóset para complementar lo que ya existe. Quedar con una listita de “tu tarea es encontrar un bomber jacket”, “tu tarea es sumar más prendas básicas” — no sé el resto de las personas que han pasado por este proceso, pero yo amo esas tareas.
Con respecto a qué se fue y qué se quedó: se quedaron las prendas que me quedan bien. Las que le hacen justicia a mi tipo de cuerpo, que resaltan las partes que me gustan, que me hacen sentir cómoda. Se quedaron prendas que antes me daba más susto usar porque no quería llamar la atención — muy coloridas, tal vez — pero le perdí el miedo al color. Entonces se quedaron prendas coloridas y espectaculares.
¿Y qué se fue? Se fueron las prendas que eran para alguien más y no para mí. Se fueron las prendas de una Tamara que quería que la tomaran en serio y que por eso se vestía como una señora, que no se ponía colores intensos. Se fue el temor a ser vista. Se fue el esconder ese lado fabuloso y entusiasta.

Jessica: El personal shopping cambia la forma en que comprás para siempre. ¿Cómo comprabas antes y cómo comprás ahora? ¿Qué criterios ya no podés ignorar?
Tamara: Muy honestamente, antes compraba desde la ignorancia — así es cuando uno no ha pasado por este proceso de asesoría. Uno compra, pero sin ese nivel de consciencia ni de intencionalidad. Ahora me siento muy contenta porque me siento equipada: he aprendido muchísimas cosas que me permiten invertir mi dinero de forma más inteligente.
Lo que ya no puedo ignorar nunca más:
● La composición de la prenda. Saber qué textiles tiene, si es algo que voy a usar en verano y necesito que sea fresco, que mi piel pueda respirar, si la tela cede o no — todo eso es súper importante para mí.
● Los detalles que resaltan partes de mi cuerpo que tal vez no me encantan. Ya no puedo ignorar el cuello de una blusa y cómo se va a ver en mí, ni dónde estoy usando un estampado.
● Los accesorios. Antes de mi análisis de guardarropa no usaba cinturones ni fajas, y ahora no entiendo cómo no los usaba. Ver cómo esos accesorios crean un estilo, cómo llaman la atención hacia una parte del cuerpo o resaltan una figura en específico — eso tampoco lo puedo ignorar más.
● Darle una oportunidad a prendas que antes descartaba. Después de ver a Jessi sacar prendas que jamás me hubiera puesto, y luego ponérmelas y ver que eran fabulosas, ahora pienso: “le voy a dar una oportunidad, porque una nunca sabe.”
Nunca volveré a ver las prendas de la misma forma, ni a comprar sin esa intención de “sé que esto se me podría ver mejor que eso otro” — en lugar de comprar por tendencia, por descuento, o porque creo que me va.
Ese ejercicio de experimentar, de jugar, de permitirse que sea una actividad divertida sin juzgarse — “me lo voy a probar, ¿y qué tal si termina siendo algo fabuloso?” — ha sido muy bonito. A partir de esa práctica he descubierto prendas que jamás me hubiese probado y que se convirtieron en algunas de mis favoritas.

Esos retos son súper divertidos, y lo más divertido es hacerlos juntas: ver que a un reto yo le di una interpretación y la otra se puso algo tan creativo que jamás se me hubiera ocurrido. Ahí quedo con ideas nuevas de outfits. Esa parte que estimula el juego me parece súper divertida, y siempre salgo ganando ideas que nunca se me hubieran ocurrido sola.
Jessica: El viaje de shopping es una experiencia completamente diferente: moda, cultura, gastronomía, grupo. ¿Qué te llevaste de ese viaje que no esperabas llevarte?
Tamara: Mi respuesta más sincera es que lo que me llevé fueron ganas de volver. Es una experiencia tan completa, y poder hacerla en grupo es muy bonito.
Además, al viajar encontrás prendas y accesorios que no están a tu alcance en el día a día. Traés cosas nuevas, encontrás cosas espectaculares porque tenés esa guía. Esa convivencia, ese descubrir espacios, inspirarte con lo que se comparte en grupo — eso es lo que, al final de cuentas, deja las ganas de regresar.
Jessica: Llevás tiempo en el Fashion Club. Para alguien que no lo conoce: ¿qué es lo que más valorás de estar ahí? ¿Qué hace que sigas?
Tamara: Hay muchísimos beneficios de estar en el Fashion Club: la información adicional, los descuentos — todo eso es súper valioso.
Pero para mí lo más maravilloso es tener un grupo de chicas en mi WhatsApp a las que sé que les puedo preguntar: “¿cómo se ve esto con estos zapatos?”, “¿dónde encuentro tal cosa?”, “¿quién me podrá arreglar este atuendo?” — y la otra sale y te dice: “hay descuento en tal tienda.”
Yo podré no estar en Costa Rica, pero todo lo que se comparte en el club me beneficia. Hasta los descuentos: entro a la página y le saco provecho. Es tener una red de chicas que te comparten su opinión súper honesta y compasiva, que te animan a probar cosas distintas, que te inspiran con sus looks. Tenemos corresponsales reportando novedades y descuentos. Es acceso a un montón de cosas valiosas, a través de un grupo de chicas que comparten tu gusto por la moda y el estily y además son súper lindas.
Y otra de mis cosas favoritas son los retos del Fashion Club. Porque, aunque disfruto mucho armar mi outfit, hay momentos donde solo quiero andar con los mismos shorts y las mismas leggings de siempre — uno entra en rachas donde no sabe qué ponerse. Esos retos son súper divertidos, y lo más divertido es hacerlos juntas: ver que a un reto yo le di una interpretación y la otra se puso algo tan creativo que jamás se me hubiera ocurrido. Ahí quedo con ideas nuevas de outfits. Esa parte que estimula el juego me parece súper divertida, y siempre salgo ganando ideas que nunca se me hubieran ocurrido sola.

…que la moda nos ayuda a anclar la identidad que queremos personificar — que el estilo es un vehículo para nuestra propia expresión. Para mí, lo que me pongo es una forma de expresar mi autenticidad.
La conexión profunda
Jessica: Vos trabajás ayudando a otros a gestionar el cambio. ¿En qué momento de este proceso con TSR sentiste que necesitabas gestionarlo vos también? ¿Hubo resistencia interna?
Tamara: Como seres humanos, estamos en un constante proceso de evolución, seamos conscientes de eso o no, lo estemos buscando o no. Estamos diseñados para evolucionar constantemente. Hay cambios que se nos dan más fáciles, y hay cambios que buscamos de forma intencional — y otros que no.
Por supuesto que he tenido que gestionar mi propio cambio y mi propia resistencia al cambio. A lo largo de este tiempo trabajando con TSR, siento que he seguido evolucionando: cada vez me atrevo más, cada vez encuentro una versión más auténtica, cada vez me doy más permiso de explorar, de jugar, de divertirme con mis outfits. Pero eso también viene con resistencia — una que típicamente nace desde el temor: ¿qué van a pensar los demás de mí? ¿Si me pongo estos colores la gente va a pensar que no soy lo suficientemente seria, que no me van a tomar en serio, que se van a burlar?
Siempre que uno se enfrenta a ese cambio, a la posibilidad de una nueva versión — lo que en desarrollo personal muchas veces llamamos un upgrade — aparece ese gap al que yo le llamo el Courage Gap. Ahí va a haber resistencia a lo incómodo, a lo desconocido, a lo que van a pensar los demás, a que nos juzguen.
Todas las herramientas que he aprendido y que utilizo con mis clientes, las he tenido que usar yo misma para convertirme en esa versión más auténtica — para que mi estilo y mi vestimenta reflejen realmente todo lo que llevo por dentro.
Mi observación, desde mi experiencia personal, es que para sacarle el mayor provecho a este proceso — y el mayor potencial a la propia imagen — hay que tener esa apertura y esa valentía de atreverse a lo nuevo y lo diferente. No estoy diciendo que hay que ponerse cosas con las que uno no se siente cómodo, pero sí tener esa apertura de “voy a intentar, me lo voy a probar, voy a experimentar.” Mucha gente se queda en su zona segura — “no, eso no es para mí, no me lo quiero probar, no se me va a ver bien” — y se queda ahí. No llega a alcanzar todo el potencial de su imagen.
Hay una idea que escuché hace un tiempo con la que estoy completamente de acuerdo: que la moda nos ayuda a anclar la identidad que queremos personificar — que el estilo es un vehículo para nuestra propia expresión. Para mí, lo que me pongo es una forma de expresar mi autenticidad.
Y algo que me parece muy interesante: conozco a muchas personas que me dicen “ay, me encanta tu outfit, qué chiva te ves” — y lo digo porque, en algunos casos, siento que me lo dicen con un tono de que eso no fuera accesible para ellas. Lo que yo quisiera que la gente se llevara es que sí está disponible para ellas. Lo que pasa es que hay que atreverse a salir de la zona de confort.

Jessica: Cuando una persona asume un nuevo rol —un ascenso, un cambio de industria, un emprendimiento— la imagen que traía ya no siempre le calza. ¿Eso te pasó a vos? ¿Hubo un rol nuevo que te hizo darte cuenta de que necesitabas que tu imagen contara una historia diferente?
Antes de contestar, quiero contarte una anécdota. Hubo una época en la que trabajaba para una empresa, era parte de un equipo, pero todavía no tenía un rol específico de liderazgo. Recuerdo una vez que un compañero de otro grupo de la empresa me hizo una pregunta de una forma que asumía que yo era la jefa de mi departamento. Me pareció muy curioso, porque le tuve que aclarar: “no, la jefa es esta otra persona.” Y me dijo: “ah, no, yo pensé…” Y pienso que fue en parte por la imagen que yo proyectaba.
Entonces, sí — esos cambios de rol, sobre todo cuando hay un ascenso, cuando se asumen cargos con más responsabilidad de personal, o cuando hay que responder a personas de niveles más altos y estar en relación más directa con ejecutivos, requirieron que reflexionara sobre qué historia estaba contando mi imagen, y qué historia quería que contara de forma más intencional.
Dos momentos me requirieron mucha más intencionalidad. El primero fue cuando asumí un rol de liderazgo ejecutivo en el que tenía que interactuar de forma regular con el C-Suite de la empresa y representar a todo un equipo global. Como mujer, y como mujer joven en una industria donde la mayoría son hombres, tuve que ser muy intencional y trabajar lo que se conoce como presencia ejecutiva — siendo la imagen uno de esos elementos, sin perder mi autenticidad.
El segundo fue la transición de ser empleada, sin importar qué tan alto llegara en la empresa, a ser emprendedora y fundadora de mi propia empresa. Ese momento también requirió otra evaluación y mucha intencionalidad con mi imagen. Cuando uno es empleado tiene el respaldo de la empresa y es, de alguna forma, embajador de ella. Pero cuando sos dueña de tu empresa, tenés que preguntarte: “¿Qué estoy vendiendo? ¿Qué imagen quiero que las personas se lleven de mi empresa?” — que no deja de ser un reflejo de quiénes somos. ¿Qué me diferencia de la competencia? ¿Cómo me quiero posicionar? Todo eso, de una forma u otra, se refleja en la imagen. Por eso fue súper importante ponerle atención — otra transición que requiere muchísima más intencionalidad.
Jessica:¿Cómo ha cambiado la forma en que te presentás en contextos profesionales —reuniones, presentaciones, espacios de liderazgo— desde que empezaste este proceso?
Tamara: Para mí la palabra clave es intención. Lo que más ha cambiado es que ahora le presto muchísima más atención y tomo decisiones con mucha más intención para presentarme en contextos profesionales.
Por ejemplo, hay colores que prefiero usar si voy a tener conversaciones de retroalimentación que pueden volverse difíciles. Si necesito comunicar entusiasmo a mi equipo, o motivarlos. Si voy a estar en espacios donde necesito proyectar credibilidad y confianza. Todo eso lo tomo en cuenta al ver mi calendario y mi clóset.
Ha cambiado muchísimo la forma en que pienso con respecto a que mi imagen esté alineada con lo que quiero transmitir en esos contextos y en las interacciones que voy a tener a nivel profesional.

Me lo dijo con un tono y una mirada que interpreté como: “sabía que podía confiar en vos — no solo en el conocimiento, en lo que podías compartir en el panel, sino en cómo ibas a verte y en cómo ibas a representarme a mí y a la organización.”
El impacto real
Jessica: Si tuvieras que identificar el antes y el después más concreto —no en ropa, sino en cómo te sentís o cómo te relacionás con tu propia imagen— ¿cuál sería?
Tamara: La consciencia y el conocimiento que una adquiere al trabajar con The Style Room empoderan. Te puedo decir que me siento muchísimo más empoderada para:
● Tomar responsabilidad de mi imagen
● Asumir esa parte de mí
● Entender la importancia de tomar decisiones inteligentes
● Tomar decisiones que se alineen con mi intención, con lo que quiero proyectar
● Invertir el dinero de forma más estratégica
Y, en general, a sentirme muchísimo más cómoda con mi cuerpo, más cómoda en mi propia piel — independientemente de cómo mi cuerpo vaya evolucionando. Porque en algunos momentos seré talla X y en otros talla Y, en algunos la balanza dirá una cosa y en otros otra, pero ya eso no me da miedo. Sé que tengo las herramientas para navegar las distintas etapas de mi vida y para honrar mi cuerpo de una forma que se sienta auténtica y que refleje quién realmente soy.
Pasé de sentir que algo estaba mal conmigo, de no sentirme “yo”, a ser una persona que se siente fabulosa y que desde esa nueva autoimagen, puedo ver la fabulosidad de los demás con más facilidad.
Como le dije a Jessi una vez en Bogotá, en uno de nuestros Shopping Days: tu look es testigo de tu transformación. Y para mí, esa frase lo resume todo.
Jessica:¿Qué le dirías a alguien que piensa que esto es un lujo o algo superficial? ¿Cómo lo explicarías desde tu propia experiencia?
Tamara: Le diría que está dejando pasar oportunidades, y dinero sobre la mesa, por no tomarse su imagen y estilo con seriedad.
Te voy a contar otra anécdota. En uno de los trabajos que tuve, yo era una labriega sencilla — no tenía ningún puesto de liderazgo. Una de las directoras de mi organización iba a participar como panelista en una conferencia presencial, organizada por una de las asociaciones a las que pertenecía la empresa. Le surgió una situación personal y no pudo asistir. Había otras personas que podían tomar su lugar, pero me llamó a mí y me pidió que la reemplazara. Yo tenía el conocimiento técnico para aportar, pero no era ni la de más años en la empresa ni la más senior — y había otras personas cuyo idioma nativo, a diferencia del mío, era el inglés.
Lo interesante es que, la directora logró llegar al puro final de la conferencia y cuando me vio, uno de sus comentarios fue: “me gusta mucho tu outfit.” Me lo dijo con un tono y una mirada que interpreté como: “sabía que podía confiar en vos — no solo en el conocimiento, en lo que podías compartir en el panel, sino en cómo ibas a verte y en cómo ibas a representarme a mí y a la organización.”
Esa oportunidad me abrió otras puertas: conocí personas, hice conexiones nuevas. Hasta recuerdo a una chica que conocí ahí y que me pidió conectar conmigo — andaba buscando a alguien que pudiera ser su mentora y me percibió como alguien que podía aportarle algo valioso.

El después
Jessica: Hoy, con todo lo que has vivido dentro de TSR, ¿hacia dónde vas? ¿Hay algo que todavía querés explorar o trabajar en esta relación con tu imagen?
Tamara: Después de todo lo aprendido y vivido de la mano de The Style Room te puedo decir con qué me quedo: con todos esos aprendizajes, con ese conocimiento, casi con una nueva versión de mí. Me quedo con la intención de seguir navegando mi imagen, así como navego cada transformación personal — y de asegurarme de que esa Tamara, que va a seguir evolucionando, tenga una imagen que la acompañe de una forma que la haga sentir auténtica y segura.
Específicamente en esta etapa de mi vida, en la que estoy transicionando a emprendedora, dueña de su propia empresa, valoro mucho ese aprendizaje porque me permite aplicarlo en esta transición: gestionarla de una forma distinta, ser muy intencional con cómo quiero que sea mi estilo e imagen en esta nueva etapa — qué quiero proyectar y qué quiero hacer sentir a los demás a través de mi imagen.
¿Y hacia dónde voy? Este proceso me ha abierto mucho la perspectiva, y me ha inspirado, en mi propia área de expertise, a preguntarme cómo puedo acompañar también a personas que están viviendo su proceso de transformación interna — para que lo lleven más allá del trabajo interno y lo puedan explorar, expandir y aplicar también a su imagen. Porque como te decía, “tu look es testigo de tu transformación” pero muchas veces limitamos el potencial de nuestro estilo por esa resistencia interna. Ahora que he vivido y visto los beneficios de conectar ambos, quiero facilitar experiencias que potencien la transformación interna para que se potencien también la imagen y el estilo y más personas se sientan fabulosas en su propia piel.

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Un abrazo, Jessi


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